EL JUEGO INFANTIL
En todas las partes del mundo los niños juegan tan pronto como se
les presenta la oportunidad, haciéndolo de una manera totalmente
natural. El juego es parte de sus vidas, quizás es una de las
pocas cosas en las que pueden decidir por sí mismos.
El juego es una actividad presente en todos
los seres humanos. Los etólogos lo han identificado con un posible
patrón fijo de comportamiento en la ontogénesis humana, que se ha
consolidado a lo largo de la evolución de la especie.
Si buscamos en los orígenes, se puede desprender la contribución del
juego a la especie humana. No hay humanidad donde no exista el juego.
Es algo que los antropólogos han descubierto, y si
pensamos que el juego va unido a la infancia, profundizando sobre él
llegaremos a considerar el papel de la infancia a lo largo de la
historia.
La prueba de que jugar no es un invento de nuestros días la
encontramos en la literatura y el arte antiguos, en los que se describen
las actividades de los niños, y en el Foro Romano hay una
rayuela gravada en el piso. Los sonajeros más antiguos se fabricaban
de vejigas de cerdo o de garganta de pájaros, los que se llenaban de
piedras para que el sonido producido estimulara la
curiosidad de los niños más pequeños.
Sorprendentemente a menudo, los niños juegan el mismo tipo de
juegos: a la rayuela, a saltar a la cuerda, con muñecos o pelotas. Sin
embargo, los juegos y los juguetes suelen diferenciarse en las
distintas sociedades, dependiendo este fenómeno del acceso a
diversos tipos de materiales y a los valores existentes relacionados con
el juego.
La manea de considerar a los niños, el juego y los juguetes varía
según el país del que estemos hablando. No todas las culturas consideran
el juego como un factor importante para el desarrollo o
madurez del niño, a pesar de que la investigación especializada ha
demostrado que lo más importante que puede hacer un niño es jugar. Esta
actividad, además de ser la principal con la que el niño
cuenta para relacionarse socialmente y aprender, se constituye en un
elemento imprescindible para su correcto desarrollo físico, emocional, y
social.
Su papel es básico, ya que estimula la motricidad gruesa y fina,
posibilitando que se obtenga un control sobre los músculos grandes y
pequeños que permitirá tener la coordinación necesaria para
moverse libremente. Jugar enriquece la comprensión y expresión del
lenguaje como así también la capacidad de interactuar y relacionarse
socialmente con los objetos y las personas que le rodean.
Si las experiencias del niño son positivas, aumenta su
autoconfianza.
Compartir positivas experiencias lúdicas crea fuertes lazos entre
adultos y niños a través de toda la niñez. En una palabra, el jugar es
vital para el desarrollo en la infancia ya que a través
del juego se ponen en práctica todas las habilidades que favorecen
la maduración y el aprendizaje. Aunque los niños aprenden a través del
juego con placer, no es un objetivo en sí mismo.
Solamente es un medio para alcanzar una meta final. Es una actividad
natural que les proporciona placer y satisfacción.
Su universalidad es el mejor indicativo de la función primordial que
debe cumplir a lo largo del ciclo vital de cada individuo.
Habitualmente se le asocia con la infancia, pero lo cierto es que
se manifiesta a lo largo de toda la vida del hombre, incluso hasta
en la ancianidad.
Popularmente se le identifica con diversión, satisfacción y ocio,
con la actividad contraria a la actividad laboral, que normalmente es
evaluada positivamente por quien la realiza. Pero su
trascendencia es mucho mayor, ya que a través del juego las culturas
transmiten valores, normas de conducta, resuelven conflictos, educan a
sus miembros jóvenes y desarrollan múltiples facetas de
su personalidad.
FUNCIONES DEL JUEGO EN EL DESARROLLO INFANTIL
Durante los distintos periodos de su desarrollo, el niño tiene
diferentes intereses. A veces se habla, por ejemplo, que el niño tiene
periodos críticos en su desarrollo, siendo de vital
importancia considerar los intereses espontáneos de cada periodo
para lograr un desarrollo íntegro.
Su universalidad es el mejor indicativo de
la función primordial que debe cumplir a lo largo del ciclo vital de
cada individuo. Habitualmente se le asocia con la infancia, pero lo
cierto es que se manifiesta a lo largo de toda la vida del
hombre, incluso hasta en la ancianidad.
Los expertos en desarrollo infantil comentan que en el juego existe
libertad para experimentar con nuevas experiencias y para cometer
errores. Durante el juego el niño establece sus propios
ritmos y controla la situación, es independiente y tiene tiempo para
resolver los problemas que se le plantean. Todos ellos factores
importantes para obtener un pensamiento eficaz. Los adultos
deben ser agentes mediadores para llevar al niño a realizar juegos
eficaces y con sentido, acercándole las situaciones y juguetes de los
que pueda aprender más.
Por eso, tenemos que tener en cuenta las funciones del juego en el
desarrollo infantil ya que es el lenguaje principal de los niños. Éstos
se comunican con el mundo a través del juego. El juego
de los niños siempre tiene sentido, según sus experiencias y
necesidades particulares. Muestra la ruta a la vida interior de los
niños; expresan sus deseos, fantasías, temores y conflictos
simbólicamente a través del juego. Refleja su percepción de sí
mismos, de otras personas, y del mundo que les rodea. A través del juego
los niños lidian con su pasado y su presente, y se preparan
para el futuro.
- El juego estimula todos los sentidos.
- El juego enriquece la creatividad y la imaginación.
- El juego ayuda a utilizar energía física y mental de maneras
productivas y/o entretenidas
El juego es divertido, y los niños tienden a recordar las lecciones
aprendidas cuando se están divirtiendo, por esto el juego facilita el
desarrollo de:
- Habilidades físicas: agarrar, sujetar, correr, trepar,
balancearse.
- Habla y lenguaje: desde el balbuceo, hasta contar cuentos y
chistes.
- Destrezas sociales: cooperar, negociar, competir, seguir
reglas, esperar turnos.
- Inteligencia racional: comparar, categorizar, contar,
memorizar.
- Inteligencia emocional: auto-estima, compartir sentimientos con
otros.
También, el juego facilita el aprendizaje sobre:
- Su cuerpo: habilidades, limitaciones.
- Su personalidad: intereses, preferencias.
- Otras personas: expectativas, reacciones, cómo llevarse con
adultos y con niños.
- El medio ambiente: explorar posibilidades, reconocer peligros y
límites.
- La sociedad y la cultura: roles, tradiciones, valores.
- Dominio propio: esperar, perseverar, lidiar con contratiempos y
derrotas.
- Solución de problemas: considerar e implementar estrategias.
- Toma de decisiones: reconocer opciones, escoger, y lidiar con
las consecuencias.
Para facilitar el análisis de las diversas aportaciones del juego al
desarrollo psicomotor, intelectual, imaginativo, afectivo social... del
niño, presentamos una tabla en la que si bien aparece
cada aspecto por separado, es importante señalar que el juego nunca
afecta a un solo aspecto de la personalidad humana sino a todos en
conjunto, y es esta interacción una de sus manifestaciones
más enriquecedoras y que más potencia el desarrollo del hombre.
Si el juego tiene una función EDUCATIVA, tendremos que tener claro
que significa el concepto de EDUCACIÓN.
En general y a nivel vulgar, se entiende por persona educada,
aquella que tiene una cultura media y sabe comportarse ante determinadas
situaciones. Esta definición, se atiene a hechos que son
verdad, pero la educación no es sólo eso, sino algo más. Esta
definición queda incompleta porque sólo reflejaría el factor externo,
respondiendo al concepto Pre-científico.
Si tenemos en cuenta el concepto etimológico: educación: EDUCO,
EDUCAS, EDUCAR, se entiende como un proceso de fuera a dentro, sinónimo
de criar, proceso de influencia externa. La persona nace
sin hacerse y la ayuda externa los educa. El educador/a tendría un
papel similar al de un escultor, porque va esculpiendo a la persona y
ésta será el resultado del trabajo del escultor
únicamente. Responden estas ideas al movimiento del pesimismo
antropológico, representado por Kant y Durkeim.
Si nos referimos al movimiento del «optimismo antropológico»
representado por Rosseau y Montesori, veremos que estos entienden por
educación dejar hacer, crecimiento: EDUCERE. En este caso el
educador es como un jardinero que va quitando las malas hiervas para
que la persona crezca y aflore lo que hay dentro de ella, que se va
conociendo, aceptando sus posibilidades y limitaciones,
para que se vaya convirtiendo en un ser distinto de los demás. Es lo
que se llama auto-educación.
Ambas posturas son opuestas, pues no hay un acuerdo en el término
etimológico de la palabra EDUCACIÓN. Pero además, son posturas, también
externas, ya que la persona ni está formada únicamente
por la influencia externa (heteroeducación), ni únicamente por lo
que hay dentro de ella (auto-educación).
Por tanto, ambos procesos deben de ser complementarios y surge el
«realismo antropológico», que considera a la persona capaz de
desarrollar lo que hay dentro de ella, pero a la vez necesita
algunos estímulos externos. La educación es entendida
etimológicamente como «COMPLERE», que significa ayuda y cuidado y el
educador sería como un regulador de tráfico, porque educa a la persona
alternando lo positivo que hay dentro de ella con las influencias
del exterior.
La importancia del juego en la educación es grande porque pone en
actividad todos los órganos del cuerpo, fortifica y ejercita las
funciones psíquicas. El juego es un factor poderoso para la
preparación de la vida social del niño; jugando se aprende la
tolerancia, se forma y consolida la personalidad y se estimula la
creatividad.
En lo que respecta al poder individual, los juegos desenvuelven el
lenguaje, despiertan el ingenio, desarrollan el espíritu de observación,
afirma la voluntad y perfeccionan la paciencia. También
favorecen la agudeza visual, táctil y auditiva; aligeran la noción
del tiempo, del espacio; dan soltura, elegancia y agilidad del cuerpo.
La aplicación provechosa de los juegos posibilita el desarrollo
biológico, psicológico, social y espiritual del hombre. Su importancia
educativa es trascendente y vital. Sin embargo, en muchas de
nuestras escuelas se prepondera el valor del aprendizaje pasivo,
domesticador y alienante; no se da la importancia del caso a la
educación integral y permanente. Tantas escuelas y hogares, pese a
las época que vivimos o se nos exige vivir, todavía siguen lastrados
en vergonzosos tradicionalismos.
La escuela tradicionalista sume a los niños a la enseñanza de los
profesores, a la rigidez escolar, a la obediencia ciega, pasividad,
ausencia de iniciativa. Lo único que le importa cultivar es
la asunción de conocimientos. El juego está vedado o en el mejor de
los casos admitido solamente al horario de recreo.
Frente a esta realidad la Escuela Nueva es una verdadera mutación en
el pensamiento y accionar pedagógico. Tiene su origen en el
renacimiento y en el humanismo, como oposición a la educación
medieval, dogmática autoritaria y tradicional. Tiene la virtud de
respetar la libertad y autonomía infantil, su actividad, vitalidad,
individualidad y colectiva. El niño es el eje de la acción
educativa. El juego, en efecto, es el medio más importante para
educar.
El juego aparece vinculado a la educación a principios del siglo XX,
cuando las hermanas Agazzi definen su modelo educativo, opuesto a otro
modelo existente en esa época, «el modelo de M.
Monterori», quien fue una pedagoga excelente e hizo grandes
aportaciones sobre la educación pero sin tener en cuenta el ambiente
familiar del niño/a. Pensaba que este era desordenado y no ayudaba
al alumno/a, porque creaban desequilibrios y desorden en los/as
niños/as. Tampoco dio importancia a los lenguajes corporales y
no-verbales en general (música, dibujo, etc.) no creía en las
actividades no organizadas.
En contraposición, las hermanas Hagáis, defienden en su modelo
educativo:
- Una especial atención al ambiente familiar y social del niño.
- Una relación entre lo familiar y lo educativo.
- Dar a los/as alumnos/as grandes dosis de libertad.
- Favorecer la espontaneidad y creatividad de los/as alumno/as.
Y todo esto a través del juego, como una buena forma de educación.
Es en este momento cuando se comienza a utilizar el juego como un
instrumento o medio educativo.
Para entender la importancia que tiene el juego en la educación, es
imprescindible que analicemos las formas actuales de diversión.
Los/as niños/as juegan actualmente, la mayoría del tiempo, con
videojuegos o deportes de competición para profesionales, que no
muestran los valores ni las técnicas que necesitan para saber
resolver sus problemas cuando sean mayores. Los conflictos entre
ellos y sus juegos electrónicos no requieren ningún tipo de
comunicación. El juego siempre tiene razón y el/la niño/a tiene el
recurso de acabar con el conflicto apretando el botón para iniciar
una nueva partida. Muchas veces aprender artimañas manipulativas para
evitar pasar por esas dificultades, y las asimilan como
una habilidad.
Los/as niños/as necesitan aprender pautas de comunicación mucho más
productivas, más realistas y más efectivas para llegar a ser adultos
felices. Los conflictos entre compañeros/as son de persona
a persona, no de persona a máquina. La mayoría de las veces lo
importante de un conflicto entre dos personas no es si se tiene razón o
no; la forma en la que discutimos es más relevante qué quien
está en los cierto o quién está equivocado/a.
Estas son razones que nos hacen ver lo necesario que es el juego en
la educación. El juego no está destinado únicamente hasta que los/as
niños/as pasen el tiempo, sirve para mucho más, sirve para
educar. Veamos algunas de las razones por las que el juego es
educativo.
LUDOTECAS EN LOS BARRIOS
El enclave idóneo para situar una Ludoteca es el barrio, porque son
centros abiertos en interacción permanente con el entorno. Desde aquí se
deben proyectar las acciones e intervenciones
necesarias, justamente el entorno cotidiano del individuo, donde se
desarrolla afectiva, intelectual y socialmente: Familia, escuela,
amigos...
La mayoría de Ludotecas se han situado en
barrios o zonas socioeconómicas y culturales bajas, con la intención
de posibilitar las orientaciones en el juego y la correcta elección de
los juguetes por falta de criterios adecuados. A pesar
de ello a veces ocurre que un servicio que estaba pensado sobre todo
para familias más necesitadas acaban beneficiándose las más estables.
Generalmente las acciones en los barrios están promovidas por las
asociaciones de vecinos, sociales, culturales, juveniles..., que algunos
casos cuentan con la ayuda financiera de las
Administración local a través de subvenciones y, en menor medida, de
convenios.
Programas:
Son muchos los programas que se pueden poner en funcionamiento en un
barrio, especialmente enmarcados en los siguientes ámbitos:
- Ámbito Educativo: Complementando la educación formal y afrontando
el absentismo escolar, la desgana y la apatía por el conocimiento. Habrá
que incluir también actividades continuas durante todo
el año y otras eventuales como la alfabetización de adultos, el
apoyo escolar, la animación a la lectura, la recuperación de tradiciones
y la cultura popular...
- Ámbito de Tiempo libre: Ofertando actividades de ocupación del
ocio y educación en el tiempo libre a través de Ludotecas, campamentos,
centros juveniles, casas de juventud, centros de
información... en consonancia con el desarrollo de los valores
humanos.
- Ámbito Sociocultural: Incluyendo todo lo relacionado con la
promoción de la salud, la prevención, la integración social... mediante
campañas, charlas, conferencias, cursos, programas de
educación de calle, escuela de padres y madres, fomento del
asociacionismo, escuelas-taller...
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